El Registro de tus Virtudes
¿Alguna vez has sentido que tu mente se convierte en tu peor enemiga? En psicología y desarrollo personal, a menudo hablamos de esa "voz crítica". Su especialidad es compararte con el vecino, recordarte tus fallos y bajarte los ánimos con dramas y quejas.
Este ejercicio de escritura terapéutica es un antídoto directo contra esa voz. Se trata de abrir una "ventanilla de inscripción" en tu libreta para registrar todo lo bueno que sí hay en ti. Estamos en un momento ideal para hacer un inventario de nuestras fortalezas y prepararnos para los cambios de la vida con los centros bien alineados.
Los Objetivos Terapéuticos
Frenar el autoboicot: Silenciar la autocrítica y la comparación constante.
Anclarte en tu valor real: Reconocer tu cuerpo y tu ser como tu primer y gran regalo.
Integración : Usar la conexión mente-mano-papel para enfocar tu energía y ganar claridad.
Activar tus recursos: Saber exactamente con qué herramientas cuentas para afrontar los retos cotidianos.
El "Buffet" de la Vida: Reconocer tus virtudes no es para ir presumiendo por ahí con la lista en la mano. Es para que, cuando convivas con los demás, "lleves tu mejor versión". Si descubres que eres bueno escuchando, ejecútalo. Si eres paciente, ponlo en práctica.
Un proceso con calma: Este no es un examen de velocidad. Tienes tiempo, el proceso puede llegar a durar hasta 3 meses. Puedes ir llenando tu libreta poco a poco.
Una libreta de hojas blancas: Sencilla, pero donde las hojas estén unidas (un bloc o cuaderno). ¿Por qué? Porque tus virtudes no se van a desechar; se van a quedar grabadas y estructuradas en un solo lugar.
Tu bolígrafo o lápiz favorito.
Un espacio de paz: Un ratito libre donde nadie te interrumpa y puedas bajarle al ruido mental.
Abre tu libreta en una página limpia y escribe tu nombre completo en la parte superior. Esto es una declaración de identidad. Respira hondo y comprométete a ser amable contigo durante el ejercicio.
Antes de ir a lo abstracto, conéctate con la tierra. Empieza por reconocer tu cuerpo físico porque tener un cuerpo ya es auténtico milagro.
Escribe: "Me reconozco y agradezco mi salud, mis manos que crean, mis pies que me caminan, mis ojos (el color que tengan, sin inventar), mi cerebro...". Todo lo que tu cuerpo hace por ti hoy.
Pasa ahora a tus emociones, tus habilidades y tu forma de ser.
Escribe: Aquello en lo que eres genuinamente bueno o una cualidad bonita de tu forma de ser. (Ejemplo: "Soy una persona gentil", "sé mantener la calma", "soy buen cocinero", "tengo facilidad para sonreír").
Si la mente te bloquea y sientes que no tienes virtudes, haz un ejercicio terapéutico de espejo:
Pregúntale a alguien que te quiera bien. Acércate a un amigo, a tu pareja o a un familiar y dile: "Estoy haciendo un ejercicio, ¿qué cualidad o virtud bonita reconoces en mí?". Lo que te digan con el corazón, apúntalo en tu libreta.
Nota final para el estudiante: Al escribir, estás plasmando la versión más elaborada y fina de ti mismo. Mírate al espejo de tu libreta, reconócete y, sobre todo, sal a la calle a poner esas virtudes en acción. ¡A escribir!
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